La primera oleada de protestas en Túnez tumbó al presidente Zine el Abidine Ben Ali; la segunda, a cinco de los ministros del Gobierno de transición, y la tercera, al primer ministro, Mohamed Ganuchi, de 69 años, que dimitió ayer tras un fin de semana de manifestaciones masivas y, a veces, violentas. La revolución del pueblo tunecino gana confianza y demuestra su poderío ante los intentos de recambio burgués para estabilizar al país y aplacar la lucha. En otras palabras, el pueblo tunecino quiere una revolución social y profundamente popular "No soy el primer ministro de la represión", declaró Ghanuchi al anunciar su renuncia, según la agencia de prensa tunecina TAP. "No soy el género de persona que puede tomar decisiones que provoquen víctimas", añadió. En su despedida advirtió que "se está tramando un compló contra la revolución" y pidió a la "mayoría silenciosa" que acabe con él.




